Notaria Pública 35 D.F.
Mtro. Eutiquio López Hernández


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    ESCRIBA:
    La palabra española escriba procede del latín: scriba. En hebreaso·fér, procede de una raíz que significa “contar”, y se traduce “secretario”, “escribano”, “copista”; y la palabra griega gram·ma·téus se traduce “escriba”, “instructor público”; el término alude a una persona instruida.
    En los días del sacerdote Esdras se empezó a reconocer a los escribas (soh·ferím, “soferim”) como grupo diferenciado. Estos eran copistas de las Escrituras Hebreas, muy cuidadosos en su trabajo, y les aterraban los errores. Con el transcurso del tiempo se hicieron extremadamente meticulosos, hasta el grado de que no solo contaban las palabras copiadas, sino incluso las letras. El hebreo se escribió solo con consonantes, hasta varios siglos después de Cristo, y omitir o añadir una sola letra hubiera cambiado con facilidad una palabra en otra. Si se detectaba el más mínimo error, por ejemplo, que una sola letra estuviera mal escrita, toda aquella sección del rollo se rechazaba como no apta para la sinagoga. Dicha sección se eliminaba y reemplazaba por otra nueva en la que no hubiese errores. Antes de escribir una palabra, la leían en voz alta. El simple hecho de escribir una sola palabra de memoria se consideraba un pecado grave. Se llegaron a introducir prácticas absurdas. Se dice, por ejemplo, que los escribas religiosos limpiaban con gran meticulosidad su pluma antes de escribir la palabra ´Elo·hím (Dios) o ´Adho·nái (Señor Soberano).


    TLACUILOS:
    En la antigüedad azteca, los tlacuilos eran los encargados de dibujar los códices en que los indígenas llevaban registros de toda naturaleza. Para formar los códices usaban papel de amate, piel de venado, tela de algodón tejida en telar de cintura, y, tal vez, papel de maguey, así como tinta, exclusivamente negra y roja, para las pinturas y glifos. Los códices se guardaban, doblados a manera de biombos, en amoxcallis, o casas de códices. Aún hoy los amates se utilizan en el arte mexicano.

    Además de registrar los eventos en los códices, los aztecas conservaban su historia en la memoria de individuos, que transmitían sus conocimientos de generación en generación. Observando un códice, a los aztecas les era posible recordar con fidelidad lo que había aprendido de memoria. Por esta circunstancia es que el tlacuilo era "el que escribe pintando" o "el que pinta escribiendo".

    En un momento posterior a la conquista española, un grupo de indígenas registró en la escritura latina la información que contenían varios códices y anales historicos aztecas. Años mas tarde fray Bernardino de Sahagún inició un estudio serio sobre el mundo indígena, y sus informantes fueron sabios indígenas, provistos de códices. En ambos casos se realizó un verdadero trabajo de traducción, no sólo de una lengua a otra, sino de un sistema de registro de datos a otro. Es por esta razón que nuestro servicio de traducción ha recibido el nombre de Tlacuilo.


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